LA CAJA NEGRA | Proyecto Stargate: la historia secreta de los "espías psíquicos" de la CIA
Durante más de dos décadas, en el punto más álgido de la Guerra Fría, los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y la Unión Soviética financiaron laboratorios ultrasecretos para dominar el espionaje mental.
La desclasificación de millones de páginas del Pentágono reveló cómo el uso de la "visión remota" y los desdoblamientos conscientes se convirtieron en un arma militar estratégica.
Por la Dirección de Los Reporteros
A principios de la década de 1970, el mundo contenía el aliento ante la amenaza latente de un holocausto nuclear. Los satélites espías surcaban la órbita terrestre fotografiando silos de misiles, mientras los submarinos patrullaban los océanos en un juego de ajedrez geopolítico mortal. Sin embargo, lejos de la luz pública y de los canales diplomáticos tradicionales, la CIA y el Pentágono libraban otra batalla completamente invisible. Una contienda donde el campo de operaciones no era el territorio físico, sino los pliegues inexplorados de la conciencia humana. Su nombre en clave: Proyecto Stargate.
Durante más de veinte años, el gobierno de los Estados Unidos invirtió millones de dólares en un programa destinado a reclutar, entrenar y utilizar personas con capacidades perceptivas alteradas para realizar tareas de espionaje a miles de kilómetros de distancia. Lo que para la opinión pública de la época era considerado pura charlatanería esotérica o ciencia ficción, para los altos mandos del ejército representaba una prioridad de seguridad nacional absoluta.
El pánico de la inteligencia y el nacimiento del programa
El detonante que obligó a Washington a ingresar en el terreno de la parapsicología fue el espionaje convencional. A finales de los años 60, los servicios de inteligencia estadounidenses descubrieron que la Unión Soviética estaba financiando investigaciones masivas en lo que el Kremlin denominaba "psicotrónica". Laboratorios en Moscú y Leningrado intentaban descifrar si el cerebro humano podía emitir o recibir ondas telepáticas para manipular a distancia a líderes extranjeros o interceptar comunicaciones secretas.
Ante el temor de sufrir una "brecha psíquica" irreversible frente a los soviéticos, el Pentágono reaccionó con urgencia. En 1972, bajo el amparo de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) y con la colaboración del prestigioso Instituto de Investigación de Stanford (SRI), nació formalmente el programa que más tarde se unificaría bajo el nombre de Stargate. La misión era clara: despojar al fenómeno del misticismo religioso y transformarlo en una disciplina científica militarmente útil.
La "Visión Remota": el arte de espiar sin estar presente
Para evitar el uso de terminología que pudiera ser ridiculizada en el Congreso, los científicos de Stanford acuñaron el término técnico de Visión Remota (Remote Viewing). No se hablaba de "viajes astrales" o "desdoblamientos del alma", sino de la capacidad de un individuo para percibir y describir de forma detallada un objetivo geográfico oculto, bloqueado a la vista e inaccesible por medios físicos.
Los protocolos diseñados en el laboratorio eran de una rigurosidad quirúrgica. Al "visor remoto" se lo encerraba en una habitación blindada, libre de ruidos y estímulos visuales. El instructor a cargo le entregaba un sobre cerrado que contenía únicamente un juego de coordenadas geográficas: una latitud y una longitud en cualquier punto del mapamundi. El visor no sabía si las coordenadas pertenecían a un desierto, a una ciudad o a una base militar.
El programa no estuvo en manos de improvisados. La CIA puso al frente a dos de los físicos cuánticos más brillantes de la época: Russell Targ y Harold Puthoff. Para testear los límites de lo que estaban investigando, en 1973 encerraron en los laboratorios de Stanford al famoso mentalista israelí Uri Geller. Bajo un estricto control científico para evitar trucos de magia, Geller logró replicar con exactitud dibujos lineales que habían sido guardados en cajas de seguridad de acero a kilómetros de distancia, lo que convenció definitivamente al director de la CIA de la época, James Schlesinger, de abrir el grifo de los "fondos negros" del presupuesto militar.
Testimonio de primera mano: «Al principio, la comunidad de inteligencia era profundamente escéptica, y tenían razón en serlo. Pero cuando empezamos a ver que personas comunes, bajo condiciones de laboratorio estrictamente controladas y con doble ciego, podían describir búnkeres soviéticos subterráneos con un nivel de detalle que a nuestros propios satélites les tomaba meses confirmar, entendimos que estábamos ante una capacidad humana real. No estábamos haciendo magia; estábamos haciendo ciencia aplicada a la inteligencia militar». — Dr. Harold Puthoff, físico cuántico y director del programa en el Instituto de Investigación de Stanford.
Tras entrar en un estado de profunda relajación y focalización mental, el sujeto comenzaba a experimentar una separación perceptiva. Su conciencia se "trasladaba" al punto asignado, permitiéndole esbozar en papel las estructuras, los accidentes geográficos y las tecnologías que visualizaba en su pantalla mental.
Los éxitos documentados: el búnker, el submarino y la crisis de Teherán
Aunque el esceptisimo inicial dentro del propio ejército era feroz, el Proyecto Stargate comenzó a acumular aciertos que desafiaban toda lógica matemática. El caso más célebre de los archivos hoy desclasificados involucra a Joseph McMoneagle, identificado en los papeles secretos como el "Visor Remoto Número 1".
En una de las pruebas más críticas, a McMoneagle se le dieron las coordenadas de un enorme edificio industrial soviético ubicado en Severodvinsk, a orillas del Mar Blanco. A través de su visión remota, describió que en el interior del complejo se estaba construyendo un submarino de dimensiones jamás vistas por Occidente, equipado con rampas de lanzamiento de misiles dispuestas de forma oblicua. Los analistas de la CIA contrastaron sus dibujos con las fotos satelitales, que solo mostraban un techo de chapa. Meses después, los satélites captaron el momento en que los soviéticos perforaron el hielo para hacer salir al imponente submarino de la clase Typhoon, confirmando cada uno de los detalles que el espía psíquico había dibujado en su habitación de Stanford.
Testimonio de primera mano: «Me encerraban en una habitación sin ventanas, me daban un sobre cerrado con coordenadas que yo no conocía y me decían: "Diga qué hay ahí". Cuando mi mente se trasladaba a Severodvinsk, yo no veía un plano; yo sentía el frío, escuchaba el metal y veía esa estructura monstruosa. Dibujé el submarino gigante con los tubos de misiles inclinados. Los analistas se me rieron en la cara porque sus satélites solo veían un techo vacío. Cuando el Typhoon salió al hielo meses después, exactamente como lo dibujé, nadie volvió a reírse en esa oficina». — Joseph McMoneagle, "Visor Remoto N° 1", condecorado con la Legión al Mérito.
Pero el caso del submarino ruso no fue el único. Durante la Crisis de los rehenes en Irán en 1979, la Casa Blanca se encontró a ciegas: no sabían en qué habitaciones de la embajada estadounidense en Teherán tenían escondidos a los diplomáticos secuestrados. El Pentágono recurrió en secreto a los visores del Proyecto Stargate (en ese entonces bajo el nombre clave Proyecto Grill Flame). Los espías psíquicos realizaron más de 200 misiones de visualización remota y lograron identificar correctamente dónde estaban los cautivos y qué rehenes habían sido trasladados por enfermedad, datos que luego se contrastaron y confirmaron tras la liberación.
En otra operación conjunta, el equipo de visores remotos logró localizar con precisión los restos de un bombardero espía soviético que se había estrellado en la selva de África central, permitiendo que las fuerzas estadounidenses recuperaran los códigos de cifrado antes que las patrullas locales de la KGB.
El cierre oficial y el misterio que perdura
En 1995, tras 23 años de operatividad continua y más de 20 millones de dólares ejecutados, el control del proyecto fue transferido nuevamente a la CIA. La agencia solicitó una auditoría externa a los Centros Americanos de Investigación (AIR) para evaluar la efectividad real del programa. El informe final concluyó que, si bien se habían demostrado efectos observacionales estadísticamente significativos en las pruebas de laboratorio, la visión remota no ofreciña la consistencia del 100% que requerían las operaciones militares de vida o muerte en el campo de batalla. Ese mismo año, el Proyecto Stargate fue cancelado oficialmente.
La prueba irrefutable de que el Proyecto Stargate existió y no fue un mito urbano quedó sellada definitivamente en el año 2017, cuando la CIA dio un paso histórico en su política de transparencia digital. La agencia subió a su servidor web una base de datos denominada CREST (CIA Records Search Tool), liberando de golpe más de 12 millones de páginas de documentos antes reservados. Dentro de ese masivo archivo, la carpeta de Stargate expuso las bitácoras diarias, los dibujos a mano alzada de los espías psíquicos y los memorándums internos firmados por generales del ejército que prueban que los desdoblamientos de la conciencia fueron tratados como un auténtico asunto de Estado.
Testimonio de primera mano: «Durante mi presidencia, un avión espía soviético se estrelló en un lugar remoto de África central. Usamos todos los satélites de última tecnología que teníamos y no pudimos encontrarlo. El director de la CIA recurrió a una mujer que tenía capacidades especiales de visión remota. Ella entró en trance, marcó un punto exacto en el mapa y nos dijo: "Está ahí". Mandamos un equipo de búsqueda y el avión estaba exactamente en ese lugar. Fue algo que desafió toda mi formación científica, pero sucedió». — Jimmy Carter, expresidente de los EE. UU., durante una conferencia en la Universidad de Emory (1995).
Para los escépticos, el programa fue simplemente el reflejo de la paranoia colectiva de una era donde el miedo al enemigo justificaba cualquier gasto. Sin embargo, para los investigadores de la conciencia y los estudiosos del plano esotérico, las miles de páginas liberadas por el Pentágono constituyen la evidencia de que, cuando la ciencia oficial se ve obligada por la necesidad, termina rozando los mismos misterios del desdoblamiento mental que las culturas milenarias vienen practicando desde el inicio de los tiempos. La pregunta que queda flotando en los archivos de la historia es inevitable: ¿realmente el gobierno desmanteló el programa, o simplemente lo mudó a presupuestos negros inaccesibles para el ojo público?
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